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La pieza SEPI del caso Leire alcanza también a María Teresa Castillo Pasalodos, exdirectora de Desarrollo Corporativo y Relaciones Institucionales de Mercasa, una sociedad pública participada mayoritariamente por la SEPI. Su imputación sitúa de nuevo el foco en una de las zonas más delicadas del sector público empresarial: la posible utilización de cargos, relaciones institucionales e información interna para orientar decisiones públicas en beneficio de determinados intereses.

Mercasa no es una empresa secundaria dentro del entramado estatal. Se trata de una compañía pública vinculada a la red de mercados mayoristas y a la gestión de infraestructuras alimentarias estratégicas. Por eso, que una antigua responsable de Desarrollo Corporativo y Relaciones Institucionales figure entre los investigados en una causa sobre presuntos amaños en empresas públicas eleva la gravedad política e institucional del caso.

Castillo Pasalodos ha sido citado por el juez Santiago Pedraz en calidad de investigado, formando parte de un conjunto de 25 personas implicadas en la pieza que examina la SEPI. Los delitos que se estudian comprenden tráfico de influencias, prevaricación, malversación, constitución o integración en grupo criminal y aprovechamiento de información privilegiada. Durante esta etapa procesal, quien se encuentra bajo investigación goza plenamente de la presunción de inocencia, aunque la citación judicial requiere aclarar cuál fue su participación en las operaciones que se encuentran bajo sospecha.

Según las informaciones publicadas, la investigación vincula a Castillo Pasalodos con Mercasa y con actuaciones relacionadas con adjudicaciones o movimientos empresariales que habrían podido beneficiar a sociedades conectadas con el grupo Hirurok, el núcleo que los investigadores sitúan alrededor de Leire Díez, Vicente Fernández y Antxon Alonso. La UCO y la Fiscalía Anticorrupción tratan de determinar si existió una red de contactos capaz de influir en decisiones de empresas públicas y canalizar beneficios económicos mediante contratos, informes o intermediaciones.

Una de las líneas señaladas afecta a posibles adjudicaciones a Servinabar 2000, sociedad que la UCO considera vinculada al entorno investigado. Las pesquisas apuntan también a reuniones, mensajes, correos electrónicos y documentos internos relacionados con la elaboración de un informe técnico que habría servido para justificar el traslado de la sede de Mercasa y abrir la puerta a nuevas operaciones inmobiliarias. Esa conexión entre informes internos, decisiones corporativas y posibles beneficios privados es uno de los puntos más sensibles de la causa.

La sospecha fundamental no se limita a que se hubiera tomado una decisión empresarial cuestionable, sino a si personas con acceso a información privilegiada dentro de Mercasa pudieron haber preparado, condicionado o facilitado dicha decisión. Castillo Pasalodos, desde su rol en Desarrollo Corporativo y Relaciones Institucionales, habría desempeñado funciones en un área particularmente significativa para conocer los contactos, las estrategias internas, los vínculos con terceros y las resoluciones de repercusión económica.

La investigación deberá aclarar si su actuación fue meramente administrativa y profesional o si tuvo una participación más activa en los hechos examinados. También deberá determinar si conocía la finalidad real de las operaciones bajo sospecha, si facilitó documentación, si intervino en contactos con otros investigados o si su nombre aparece en la causa por su posición dentro de la estructura de Mercasa.

La gravedad del asunto se acentúa al considerar que Mercasa integra el tejido empresarial del sector público estatal, encontrándose bajo participación accionaria de la SEPI en un 51%. Esto implica que cualquier indicio respecto a su administración trasciende los límites de una organización aislada, repercutiendo directamente en los mecanismos de supervisión aplicables a las entidades de capital público. En el momento en que una exdirectiva de una sociedad pública se ve envuelta en un procedimiento investigativo por presuntos fraudes, emerge una interrogante de naturaleza política que no puede eludirse: ¿existieron salvaguardas adecuadas para impedir que resoluciones de carácter empresarial, adoptadas por el Estado, fuesen desviadas hacia propósitos contrarios al beneficio colectivo?

La pieza SEPI del caso Leire está dibujando un mapa inquietante: altos cargos, exdirectivos, empresarios, informes técnicos, ayudas públicas, adjudicaciones y empresas estratégicas bajo investigación. La presencia de María Teresa Castillo Pasalodos en esa lista refuerza la impresión de que la causa no se limita a un episodio puntual, sino que analiza una red de relaciones más amplia entre lo público, lo político y lo privado.

La Audiencia Nacional deberá determinar ahora si María Teresa Castillo Pasalodos fue una pieza activa dentro del engranaje investigado o si su papel quedó limitado a actuaciones ordinarias dentro de Mercasa. Pero su nombre ya forma parte de una investigación que golpea de lleno la credibilidad de la gestión pública y obliga a exigir explicaciones claras, responsabilidades políticas y control real sobre las empresas dependientes de la SEPI.

Fuente: El País, RTVE, Vozpópuli, Infobae, Artículo14 y Europa Press.